Como comunidad educativa, ayer vivimos una jornada profundamente significativa, marcada por el agradecimiento, la memoria y la alegría de reconocernos como comunidad. Cada año, esta celebración nos invita a detenernos para honrar a quienes han dedicado parte de su vida a este proyecto educativo que, desde hace más de 156 años, sigue formando personas al estilo de Santa Juana de Lestonnac.
Con un espíritu de recogimiento y fraternidad, comenzamos este encuentro recordando que donde hay un proyecto con sentido, siempre hay futuro. Inspirados por la sabiduría del Libro de los Proverbios, renovamos nuestro compromiso de educar con amor, paciencia, discernimiento y esperanza, elementos que dan profundidad a nuestra misión de evangelizar educando y educar evangelizando.
Durante la ceremonia, celebramos con especial cariño a las y los educadores que este año cumplen un nuevo ciclo de servicio en nuestro Colegio. Su trabajo, su presencia y la huella que han dejado en generaciones de estudiantes son motivo de profundo agradecimiento.
5 años de servicio: Damaris Águila y Jorge Rocha.
10 años de servicio: Constanza Saravia.
20 años de servicio: Mariela Noguer.
25 años de servicio: Luisa Cuevas.
Cada uno de ellos recibió un signo simbólico que representa la luz que han encendido en nuestra comunidad: gestos, palabras, aprendizajes y encuentros que han marcado el camino de nuestros niños, niñas y jóvenes.
Juana de Lestonnac: nuestro modelo para educar con discernimiento y esperanza
A lo largo de la celebración, volvimos a la figura de Santa Juana de Lestonnac, mujer de profunda fe, discernimiento y valentía, cuyo modo de educar nos sigue orientando. Recordamos que educar es siempre un acto de amor y de confianza en el futuro; es creer que cada estudiante guarda dentro de sí una semilla de vida nueva.
La carta anual enviada por la Hermana General nos invitó a cultivar tres actitudes esenciales para nuestro modo de educar:
- Desarmar las palabras: elegir la mansedumbre, construir desde el diálogo y la escucha.
- Levantar la mirada: no quedar atrapados en lo inmediato, sino mirar el horizonte con esperanza.
- Custodiar el corazón: poner siempre a la persona al centro, con empatía y sencillez.
Estas claves, inspiradas en la espiritualidad de María y en la misión de nuestra Orden, nos animan a seguir construyendo comunidad con sentido.
Al finalizar este encuentro, renovamos nuestra certeza de que Dios habita en medio de nuestra labor cotidiana, iluminando nuestro camino y dándonos fuerza para seguir acompañando a nuestros estudiantes con dedicación y esperanza.
A todas y todos nuestros educadores homenajeados, les agradecemos su vida entregada a este proyecto. Su presencia y testimonio siguen encendiendo la llama que Juana nos pidió no dejar apagar.
Como comunidad Compañía de María Seminario, seguimos caminando con manos tendidas y corazón abierto para construir, juntos, el mundo que Dios sueña.
